miércoles, 26 de diciembre de 2012

Cómo cortarle las uñas a los gatos

Os presentamos un vídeo donde explicamos cómo debéis cortarle las uñas a vuestro gato.
Un saludo.

viernes, 26 de octubre de 2012

La alimentación de las tortugas


Los alimentos deben ser administrados a la misma temperatura del agua en el caso de tortugas acuáticas o del ambiente del terrario en el caso de tortugas terrestres. Nunca se les debe de dar la comida recién sacada de la nevera. Lo ideal es ofrecer comida varias veces al día (mañana, mediodía y noche), aprovechando para retirar los restos no consumidos y los excrementos cada vez que se ofrece nuevo alimento. Si esto no es posible, es preferible dar la comida por la mañana. En animales muy pequeños  la comida se dará en trozos pequeñitos o incluso triturada para favorecer la ingesta.
Hoy en día existen en el mercado alimentos secos específicos para tortugas acuáticas o terrestres que pueden alternarse con la comida fresca.
La mayoría de las especies terrestres son vegetarianas y se les debe de ofrecer una alimentación lo más variada posible: lechuga, zanahoria cruda o cocida, judías verdes, guisantes, espinacas, calabaza, coliflor, brécol, maíz, acelgas, diente de león, pétalos de flores y fruta, evitando los cítricos. En especies omnívoras, de vez en cuando (y sólo de vez en cuando) se añadirán a la dieta lombrices de tierra, insectos, carne picada e hígado, algo de pescado y  mejillones.
En cuanto a las tortugas acuáticas, la mayoría de las especies son omnívoras y pueden comer pescado crudo (debe ofrecerse completo: con escamas, vísceras y espinas, aunque puede trocearse), moluscos, cefalópodos o presas vivas como caracoles acuáticos y terrestres, babosas, lombrices e insectos. El hígado de pollo, conejo, cerdo o ternera es muy completo y rico en vitaminas.
 No se debe abusar de gammarus, ni de jamón de york u otro tipo de embutidos o de carnes magras, ya que pueden dar lugar a alteraciones renales y hepáticas o desequilibrios entre minerales que conducen a problemas de huesos y de caparazón.
Una dieta rica en carotenoides, como el pescado o el hígado, es importante para evitar la carencia de vitamina A, problema frecuente en galápagos. Cuando se produce ésta, uno de los primeros síntomas es la afección ocular, también lesiones en la cara, infecciones en el oído medio o en el tracto respiratorio.
Si hay que complementar la dieta con vitaminas o minerales, pueden utilizarse preparados que se administran directamente en la boca o inyectados en el alimento.
Debe permitirse que reciban luz directa del sol no filtrada a través de un cristal, que les proporciona vitamina D, necesaria para la asimilación del calcio de la dieta.
 
LA CLAVE PARA QUE LAS TORTUGAS ESTÉN BIEN NUTRIDAS, RADICA EN LA APORTACIÓN DE LA MÁXIMA VARIEDAD DE ALIMENTOS POSIBLE.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Cazando medusas

Ahora que el verano toca a su fin, aunque sea únicamente en el calendario porque hace más calor que durante los meses de julio y agosto, muchos de vosotros aprovecharéis para acercaros a la playa con vuestras mascotas.
Pero durante estas fechas, además de vuestros perros, también acuden a la playa unas compañeras un tanto desagradables, las medusas.
Por fortuna, las especies de medusas que podemos encontrar en las costas gallegas no son especialmente dañinas aunque sí pueden resultar bastante molestas. Y, de la misma forma que afectan a los humanos, también pueden picar a los perros. Pero, ¿sabéis cuáles son los primeros auxilios ante una picadura de medusa?.
El efecto irritante de las medusas se debe a una serie de substancias tóxicas que liberan las células de sus tentáculos. Algo parecido a lo que ocurre con la procesionaria del pino. Esto provoca inflamación de la piel o las mucosas con escozor.
Por suerte para ellos, los perros tienen una buena capa protectora que ayuda a prevenir las picaduras de las medusas, su pelaje. Así que las zonas del cuerpo donde dan más problemas son aquellas desprovistas de pelo o donde la densidad del manto es escasa: manos, pies, axilas, barriga, hocico y ojos. Y también la boca cuando intentan pescarlas y zamparse un "refrigerio" en mitad del día de playa.
Cuando los tentáculos quedan adheridos a zonas con pelo, intentad eliminarlos con cuidado. Pero eso sí, siempre que tengáis un guante de látex o similar a mano. O unas pinzas. No los frotéis con nada, ni con una toalla ni con arena, pues así liberaréis las toxinas produciendo un daño mayor.
Pero, ¿y si la zona afectada está desprovista de pelo?. Lo primero, conservad la calma. Y lo segundo, haced que el animal se tranquilice. Evitad que se frote, rasque o lama la zona. Después, separad los tentáculos.
El siguiente paso consiste en aplicar vinagre, a chorro o en forma de compresas, durante unos 15 minutos. El ácido del vinagre inactiva las células irritantes deteniendo la liberación del veneno. A falta de vinagre, también sirve zumo de limón del chiringo más cercano. Y si no tenéis nada de eso al alcance, utilizad agua del mar. No uséis nunca amoniaco ni agua dulce ¡ni orina!.
Se puede raspar la piel de forma muy cuidadosa con una tarjeta de crédito para retirar los pequeños restos que puedan haber quedado adheridos.
Si continúa la sensación de escozor se puede aplicar frío durante unos 15 a 30 minutos. Sirve hielo envuelto en una toalla dentro de una bolsa de plástico. Nunca debe ponerse en contacto directo con la piel porque puede dañarla. La bolsa de plástico evitará que el agua dulce alcance la zona afectada.
Una vez seca la piel, se pueden aplicar pomadas analgésicas y/o antiinflamatorias para calmar el picor. Si practicáis la medicina natural, parece ser que una buena rebanada de papaya sobre la herida también tiene efecto analgésico.
Y, por supuesto, si el malestar continúa o es importante o si se han afectado mucosas, (ojos o boca) acudid a vuestro veterinario para aplicar un tratamiento más intensivo.
Un saludo.
Centro Veterinario Travesía

jueves, 16 de agosto de 2012

La subida del IVA también afectará a nuestras mascotas

Esta vez no vamos a hablaros de enfermedades ni a daros consejos para hacer mejor la convivencia entre vosotros y vuestras mascotas.
Lamentablemente, esta entrada es una denuncia por la subida del tipo de IVA aplicable a los servicios veterinarios para animales de compañía del 8 al 21%, lo que nos obligará a incrementar los precios a partir del 1 de septiembre. Como se argumenta en la siguiente carta  abierta al ministro de Hacienda, Sr. Montoro, de nuestro compañero D. Jesús A. Gutiérrez Aragón, se trata de una clara discriminación entre veterinarios y propietarios de animales. Y lo que es peor, un hecho que afectará sobre todo a los propios animales, fundamentalmente aquellos atendidos por las protectoras de animales, ya que sí se mantendrá el tipo de IVA reducido para los tratamientos de los animales de granja. Como valedores de la salud humana a través de la salud de los animales, sean de granja, silvestres o de compañía, nos oponemos frontalmente a tales medidas de índole económica que afectarán, sin duda, al estado sanitario de nuestro país.
Al menos, perimítannos ejercer el derecho a la pataleta.

Sr. Montoro.

Soy consciente del delicado estado financiero de España. Soy igualmente consciente del deber patriota de cada uno de los españoles en contribuir a la recuperación económica de nuestro país y de que nos vemos obligados a pagar la mala dirección política de la gestión de los recursos públicos que los dirigentes de la nación han realizado en el pasado reciente. También soy consciente de que ahora debe estar recibiendo numerosas peticiones para que la reciente reforma del IVA no afecte a determinados colectivos. Y de que cada uno de estos colectivos se considera especial e injustamente atendido.



Yo, señor ministro, soy veterinario. Mi profesión se centra en procurar la salud y combatir la enfermedad de los animales de compañía. No son animales destinados a la producción de alimentos. Pero ellos eso no lo saben. Un conejo es un conejo, ya sea su destino el matadero o la compañía de un niño. Y las enfermedades del conejo y la posibilidad de transmisión son idénticas, puesto que se trata del mismo animal. Por eso es tan injusto que hayan hecho una diferenciación entre los veterinarios que prestan sus servicios a explotaciones ganaderas de los que no los prestamos. Por que esto, y estoy seguro que a usted no se le escapa, tiene una consecuencia. Y la consecuencia es que si un impuesto lo ha de pagar el consumidor final, finalmente el consumidor decide no pagar. Esto quiere decir que no vacunará al perro de rabia, no procurará mantener al cerdo de compañía libre de parásitos con capacidad potencial de afectar al ser humano, no visitará al veterinario cuando su loro se encuentre regular y tal vez se origine un brote de psitacosis que se pueda llevar por delante la vida de alguna persona. Y no me entienda mal, no hago demagogia. No le acuso de los brotes de enfermedad, ni le acuso de las posibles muertes, ni le acuso de haber dejado de ver tener que pagar mañana un euro por recaudar hoy cinco céntimos. Pero no puedo dejar de acusarle de la injusticia de tratar con desconocimiento o desprecio a una profesión. Le acuso de intentar dividirla mostrando por la vía de los hechos que la medicina animal, y los profesionales que la ejercen, son diferentes y merecen trato diferente si las enfermedades que tratan de erradicar o prevenir las padecen animales de producción o animales de compañía. Señor ministro, nos discrimina por el destino que le quieren dar a sus animales las personas que requieren de nuestros servicios. Si es la cazuela 10% de IVA, si es aliviar la soledad de una anciana de 90 años entonces el 21%.



Yo le acuso, señor ministro, de actuar con desconocimiento o desprecio. Y es que según informe de fecha 18 de octubre de 1993, de la Secretaría General Técnica del Ministerio de Sanidad y Consumo, las actividades profesionales veterinarias entran claramente en el ámbito sanitario, en cuanto constituyan "protección de la salud" humana y animal y atención y asistencia sanitaria a los animales. Esta información es la que llevó a la Dirección General de Tributos de su Ministerio a establecer el 16 de diciembre de 1997, mediante consulta vinculante, que tributarán por el Impuesto sobre el Valor Añadido al tipo del 7 por ciento las prestaciones de servicios efectuadas por los profesionales veterinarios que tengan por objeto la prevención, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades de los animales. No obstante, en el supuesto de que los servicios profesionales prestados por los veterinarios no tuviesen por objeto la prevención, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades de los animales, dichas prestaciones de servicios tributarán por el Impuesto sobre el Valor Añadido al tipo general del 16 por ciento.



Señor ministro, conozco sus aptitudes y quiero pensar que haber extraído la atención de los animales de compañía del desempeño sanitario de los veterinarios es un desliz subsanable. Entiendo que tiene muchas cosas en las que pensar, muchos agujeros que tapar y muchos ajustes que hacer. Pero, aunque sospecho que es poco probable que inicialmente lea usted esta misiva, sí deseo que su colaborador que la lea tenga el sentido de la justicia y el discernimiento necesario para darse cuenta de que, en esto, se han equivocado. Y espero que considerando que es más sabio no quien conoce sus errores si no quien los corrige se la haga llegar y le transmita lo que expongo. Señor ministro, cuando eso suceda si no rectifica ya no podré achacarle desconocimiento, sólo desprecio. Y créame si le digo que deseo no tener que hacerlo. Al contrario, sería muy satisfactorio para mí poder escribirle de nuevo para felicitarle por haber atendido una justa reclamación y por haber rectificado una disposición tan irrespetuosa con una profesión que, en estos momentos, se siente ultrajada. ¿Hubiese actuado de igual manera si se tratase de médicos? ¿Le hubiese parecido razonable poner un IVA diferente dependiendo de si el médico trata a un hombre o a una mujer, a un jienense o a un toledano? Pues, señor, en el BOE usted ha decretado que unos médicos son diferentes de otros. Porque nosotros somos médicos veterinarios, nuestra titulación así lo determina.



No pasa nada porque nos cortemos el pelo cada dos meses en vez de mensualmente. Pero sí pasa si un niño pierde un ojo porque el gato con el que juega no se ha desparasitado. Sí pasa si la persona a la que le ha mordido un perro muere de rabia porque no se le había vacunado (sirva como ejemplo el episodio recientemente de Ceuta: http://www.ceuta.es/ayuntamiento/component/jdownloads/finish/1448-agosto/7494-bocceextra408-08-2012). Sí pasa si un enfermo inmunodeprimido contrae la leishmaniosis porque se ha reducido la vigilancia veterinaria de esta enfermedad en sus portadores naturales. El sistema sanitario nacional tiene por objeto la salud de los españoles y lo hace de muy diversas formas, ya sea atendiendo directamente a las personas, ya sea procurando evitar la aparición de enfermedades. Se ha otorgado a los médicos de personas la primera misión y a los veterinarios la segunda. No pedimos, aunque así debería ser, equipararnos tributariamente con los médicos y por ello no le solicitamos estar exentos del IVA. Nunca nos hemos opuesto a contribuir solidariamente con el ejercicio de nuestra profesión al bienestar de nuestra patria y menos en tiempos de necesidad. Sólo le pedimos que no haga discriminaciones entre nosotros, tratándonos de manera diferente cuando con nuestro trabajo sostenemos de igual modo el sistema sanitario español.



Atentamente,


D. Jesús A. Gutiérrez Aragón

lunes, 30 de julio de 2012

Un bebé llega a casa


En más de una ocasión, alguna clienta embarazada nos ha pedido consejo sobre cómo hacer para que su mascota se acostumbre a la presencia del futuro bebé. Es indudable que la llegada de un nuevo miembro a la familia modifica el ambiente social del hogar lo que puede alterar a los animales de la casa.
La primera recomendación es muy sencilla: no dejar nunca solo a un niño pequeño con un animal. Y no porque se vaya a mostrar agresivo por instinto, sino más bien porque puede hacerle daño queriendo jugar con él. La segunda recomendación es no dejar que los animales se acerquen al niño hasta que sepas cómo van a reaccionar.
Para reducir al máximo el riesgo de que aparezcan problemas es conveniente seguir una serie de pasos. Se trata de unos consejos sencillos que servirán para proteger tanto al niño como a tu mascota.

Paso 1

 Antes del nacimiento del niño, acostumbra a los animales de la casa a los horarios que creas que podrás cumplir cuando el niño llegue a casa. Tanto horarios de comidas como de paseos. Quizá esos horarios sean distintos a los que tenía hasta entonces y éste es el mejor momento para modificarlos, para que los cambios no coincidan con la llegada del bebé. Incluye en ese esquema diario unos 5 a 10 minutos para atender exclusivamente a tu mascota. Durante ese tiempo, acaríciala, cepíllala, juega con ella, háblale, etc. Si lo prefieres, puedes repartirlo en dos veces al día. Lo ideal sería hacerlo en presencia del niño cuando haya nacido, pero con la ayuda de otra persona que pueda ocuparse de él en caso necesario para que no se interrumpa ese momento de juego. Considéralo como un tiempo durante el cual podrás relajarte despreocupándote de lo que te rodea. Quizá no te parezca demasiado tiempo para dedicárselo a tu animal, pero es suficiente y él te lo agradecerá. Es probable que ni siquiera ahora pases ese tiempo tan estrechamente en contacto con él. Si tienes varios animales, cada uno de ellos necesitará, al menos, 5 minutos de atención diarios. Si se llevan bien entre ellos, podrás jugar durante unos minutos con todos juntos, siempre que también “atiendas” a cada uno por separado.

Paso 2

Si se trata de un perro, éste es un buen momento para replantearte si eres capaz de controlarlo durante los paseos. ¿Responde adecuadamente a tus órdenes?. Piensa que, más adelante, quizás tendrás que pasear al perro junto al cochecito del bebé y no es nada cómodo hacerlo con un perro desobediente o que tire demasiado, además de ser peligroso para todos. Si decides dejarlo en casa cuando salgas con el niño, debes tener cuidado porque el perro podría sentirse desplazado por él. Notará que no estáis pendientes de él y sí del niño, lo que puede provocar que intente llamar la atención compitiendo con el bebé y comportándose de manera inadecuada. Por lo tanto. la relación entre el bebé y el perro será mejor cuanto más ejercicio haga en presencia del niño.

Paso 3

De nuevo, antes de que llegue el bebé, deja que tu mascota se familiarice con su habitación, la cuna, el cochecito, etc. Por la misma razón expuesta en el paso anterior, no debes excluir totalmente al animal de las habitaciones en las que estará el niño. Son lugares con olores interesantes para él. Deja que se familiarice con ellos. Enséñale las toallitas, lociones, colonias, etc. que utilizará el bebé. Deja que el animal se acostumbre a los objetos del niño, pero no le permitas hacer nada que no le vayas a consentir cuando el bebé esté en casa, como por ejemplo dormir en su cuna.
Si el animal intenta lamer algún objeto del bebé, repréndelo diciendo “NO”. Este es también un buen momento para enseñar al perro a sentarse, echarse y permanecer quieto mediante órdenes sencillas. Así evitarás problemas más adelante.
Si los juguetes del niño son parecidos a los de tu mascota, seguramente querrá jugar con ellos e intentará cogerlos cuando le apetezca. Cuando el niño sea mayor quizá le haga daño intentando quitárselos de la mano. Así que lo mejor es retirar todos los juguetes que pueda confundir con los del bebé.

Paso 4

Después de que el niño nazca y antes de que lo llevéis a casa, muéstrale a tu mascota ropa usada por él, pañales sucios, etc., para que se vaya familiarizando con sus olores. Incluso puede dejarse alguna de estas prendas en alguna parte de la casa para que el animal se acostumbre a ellas y considere normal su presencia.

Paso 5

Es conveniente que cuando el bebé llegue a casa haya alguien esperando dentro con los animales. Primero entrará uno de los dueños para saludarlos. Ellos le darán la bienvenida. En el momento en el que estén más tranquilos y relajados la otra persona entrará con el bebé. Si los animales son inquietos o grandes, puede ser de gran ayuda el uso de correas y arneses para controlarlos y asegurarse de que no dañen al niño.

Paso 6

Cuando los animales se hayan acostumbrado a la presencia del bebé podrán conocerlo más de cerca. Una persona se sentará con el bebé mientras tú sujetas al animal y vigilas sus reacciones. Si se comporta de forma brusca (agresiva o no), repréndelo. Si el animal se muestra atemorizado, háblale con suavidad y acarícialo mientras lo estimulas a oler al niño, pero nunca forzándolo. No se debe sostener al niño frente al animal o por encima de él. Podría golpearlo o saltarle encima. Tu autoridad sobre tu mascota debe ser la suficiente para detener cualquier comportamiento de riesgo al instante. Si no eres capaz de hacerlo y tu mascota se muestra muy nerviosa o agresiva, enciérrala en otra habitación hasta que se calme. Entonces inténtalo de nuevo.
Si muestra actitudes agresivas, no intentes tranquilizarlo diciéndole cosas como que todo va bien y que “mamá” y “papá” todavía le quieren. Ninguna conducta agresiva “va bien”. Debe aprender que si quiere que le presten atención y recompensen, deberá comportarse de forma adecuada. Si su comportamiento no es el adecuado, no recibirá atenciones.
No lo castigues en exceso. Lo normal es que un “NO” fuerte, quizá sumado a un tirón de la correa si es necesario, sea suficiente. El castigo puede aumentar la ansiedad del animal. Además puede relacionarlo con la presencia del bebé, aumentando así su animadversión hacia el niño.

Paso 7

Nunca dejes solo al bebé si temes que los animales pueden comportarse de forma agresiva con él. Si sólo hay una persona adulta en casa, enciérralos en otra habitación para evitar que en un descuido puedan quedar solos con el niño. Si se trata de un perro, puedes atarlo de forma que pueda aproximarse al niño sin llegar a tocarlo. Cuando se acostumbre a la presencia del niño y se encuentre relajado, podrás acariciarlo y darle alguna golosina. En gatos resulta más difícil, pero algunos admiten una correa y un arnés. Por otro lado, a muchos gatos no les importa demasiado que se les lleve a otra habitación durante un rato. No creas que por ponerle un bozal a un perro evitarás totalmente que pueda hacerle daño al niño. El bozal puede prevenir un mordisco, pero no servirá de nada si el perro empuja o salta sobre el niño, incluso cuando el perro simplemente lo hace porque quiere jugar.

Paso 8

Cuando tu mascota se acostumbre a la presencia del bebé podrás soltarla, pero siempre vigilándola durante los primeros días. Todos los miembros de la familia deben acariciarla y darle golosinas por su buena conducta. Así, relacionará su bienestar y la atención recibida con toda la familia y no con una sola persona. Esto puede extenderse a las visitas. Si el perro reacciona bien ante la presencia del niño podrá andar suelto por la casa y acompañar al niño cuando se cambie, se vista, se bañe, etc. Esto favorecerá que la relación futura entre ellos sea la adecuada.

Paso 9

Si el animal se muestra agresivo o muy asustado en presencia del niño, deberás acostumbrarlo de forma gradual. Vuelve a los pasos 5 y 6 y recuerda que incluso un animal con bozal puede hacerle daño al niño.

Esperamos que estos consejos os sean útiles. Un saludo.

Centro Veterinario Travesía

martes, 19 de junio de 2012

Las alergias alimentarias

Hoy vamos a hablaros de alergias, dermatitis y picores, ¿os resultan familiares?.
En una entrada anterior habíamos tratado el posible origen del picor en nuestras mascotas. Decíamos que con frecuencia la causa de las dermatitis era una alergia y dentro de las alergias nos encontramos con unas que tienen su origen en los alimentos. Es decir, cuando vuestro perro o gato come algo que le produce alergia, se empieza a rascar y aparecen las lesiones en la piel. 
Y llegados a este punto, alguno de vosotros me dirá: ¡Pero si mi perro siempre ha comido lo mismo y nunca se ha rascado!. Y de hecho, así es. Uno no nace alérgico, si no que la alergia se desarrolla con el tiempo y aquellos alimentos que no suponían ningún problema acaban provocando picor.
La alergia alimentaria puede desarrollarse a cualquier edad, aunque es frecuente en animales jóvenes, incluso menores de un año. Se estima que aproximadamente un 10% de los perros la padecen y parece haber predisposición racial: Cocker spaniel americano, Boxer, Shar pei, Pastor alemán, Golden retriever, Lhasa apso, Schnauzer miniatura, Carlino, West highland white terrier y alguna más. También la padecen los gatos.
Cualquier ingrediente de la comida puede provocar la alergia, pero sobre todo son las proteínas las que están involucradas. Pollo, huevos, pescado, carne de cerdo, de vacuno, cordero, lácteos, trigo, maíz, soja, todos ellos son susceptibles de provocar picores.

Los animales alérgicos al alimento manifiestan picor no estacional. Es decir, más o menos constante a lo largo del año ya que un alimento puede hacer que vuestra mascota se rasque durante muchos días tras haberlo comido. El picor tiene un patrón de distribución bastante característico y similar al de la dermatitis atópica (ver entrada) de la cual debe distinguirse y a la cual suele asociarse. Afecta sobre todo a la zona de la cara, oídos (el 25% de los perros que tienen alergia alimentaria presentan otitis como único síntoma), manos, axilas, abdomen ventral, ingles y periné. Puede llegar a ser muy intenso y el animal puede autolesionarse. En muchas ocasiones, el cuadro se complica con la proliferación de gérmenes en la piel que a su vez producen más picor. Además, puede asociarse a signos digestivos como vómitos, diarreas, heces blandas, flatulencias o aumento en la frecuencia de las deposiciones.

Hoy en día, no existe ningún análisis fiable para diagnosticar una alergia alimentaria. Ni tests de intradermorreacción (como los que le hacen a las personas alérgicas pinchándoles una pequeña cantidad de líquido bajo la piel), ni pruebas de alergia en sangre. La prueba de diagnóstico que se utiliza es la llamada dieta de eliminación. Se trata de una dieta especial que puede ser comercial (los llamados alimentos hipoalergénicos) o una dieta casera elaborada con una proteína y con una fuente de hidratos de carbono que vuestra mascota no haya comido nunca o casi nunca (con lo cual será extremadamente raro que tenga alergia). Y esta dieta, sea casera o comercial, deberá ser el alimento exclusivo del animal durante un mínimo de ocho semanas. Durante todo ese tiempo no podrá comer nada más, ni golosinas, ni premios, ni medicamentos con saborizantes, ni suplementos vitamínico-minerales. Si al cabo de ese tiempo el animal deja de rascarse, se le vuelve a dar su alimentación habitual y si vuelve a rascarse, entonces se confirma del diagnóstico de alergia alimentaria. Llegados a este punto se podría seguir alimentando con la dieta hipoalergénica, con una dieta con proteína controlada o ir añadiendo a la dieta de eliminación ingredientes de forma individual para averiguar cuál de ellos desencadena el picor.

¿Qué es una dieta de proteína controlada?. Pues se trata de un alimento comercial en el cual la proteína  es única como, por ejemplo, pato, en lugar de tratarse de una mezcla de proteínas de diferentes orígenes que es lo habitual en los alimentos preparados. Y, ojo, porque no todos los piensos que se publicitan como indicados para alergias o dermatitis son hipoalergénicos o con proteína única. Buscad siempre el asesoramiento de vuestro veterinario.
Un saludo.
Centro Veterinario Travesía

miércoles, 16 de mayo de 2012

Virus de la leucemia felina

Hola, me llamo Calcetines y soy seropositivo al virus de la leucemia felina.
Me encontraron hace unos meses al lado de un camino. Estaba bastante delgado y me llevaron al veterinario. Allí estuve unos días, encerrado en una jaula. No me gustó nada. Yo quería salir y jugar y que me hicieran caricias aunque estaba débil y no podía saltar ni casi correr. Me hicieron unos análisis de sangre y la prueba dio positivo al virus.
El veterinario me llevó a su casa. Ahora vivo con su familia y estoy fuerte y un poco gordo (la culpa es suya, que me ha cortado los cataplines). No paro de corretear por toda la casa y me escondo en los armarios. Tiro todo lo que está a mi alcance, me he comido una planta y me encanta arañar las fundas del sofá. Pero lo que más me gusta con diferencia es acechar a un canario que se pasa el día saltando de palo en palo dentro de su jaula (es que algunos, lo único que saben hacer es provocar).
Estoy feliz. Me dan muchos mimos y hay una niña que juega mucho conmigo aunque a veces me achucha demasiado. Cuando lo hace y me pongo nervioso le muerdo y le araño, con cuidado, casi no le hago daño.
Voy a esconderme detrás de la cortina para vigilar al canario, que está en la ventana. Os dejo. Ahora el veterinario quiere contaros algo sobre mi enfermedad. Hasta la próxima.

Me parece que he visto un lindo gatito
Hola, seguidores del blog. Después de esta introducción de Calcetines, vamos a entrar en materia.
El virus de la leucemia felina es un retrovirus que afecta a los gatos domésticos de todo el mundo y a otros felinos salvajes, como el lince ibérico. En general, la enfermedad no es demasiado frecuente y afecta principalmente a gatos que viven en colectividades o en el exterior, donde el contacto entre ellos es más estrecho. Sobre todo la padecen los gatos más sociables pues la principal vía de contagio es a través de la saliva cuando se asean mutuamente aunque también puede transmitirse por mordeduras, al compartir comederos o bebederos y por vía venérea o de madres a hijos e incluso por picaduras de pulgas. Por desgracia, los gatos jóvenes son los más susceptibles. A partir de los cuatro meses de edad aumenta la resistencia natural a la infección. La incidencia de la enfermedad ha disminuido bastante en los últimos años debido al aumento de la vacunación.
Los retrovirus son un tipo de virus muy peligroso por dos motivos. El primero es porque atacan a las células del sistema inmune, que son las que nos protegen de las enfermedades. Y el segundo motivo es porque pueden ocultarse dentro de las células del enfermo dificultando muchísimo su eliminación.
Una vez que el virus se introduce en el cuerpo del gato, ataca a los glóbulos blancos y se dirige a distintos órganos. A partir de aquí, el cuadro clínico es diferente según la respuesta inmunológica. En algunos gatos el virus se queda en las glándulas salivares y no se extiende por el resto del organismo. Se trata de gatos resistentes a la infeccíón. En otros gatos el virus se distribuye por todo el cuerpo y  aparecen síntomas leves, como fiebre, inflamación ganglionar o falta de apetito. De este grupo de gatos hay algunos que al final son capaces de controlar la infección y aunque el virus vive en su cuerpo, no es capaz de desarrollarse ni infectar a otros animales. Sin embargo, hay otros gatos de este segundo grupo en los que el virus sigue replicándose y son muy contagiosos. Aunque no tengan síntomas, al cabo de dos o tres años estos animales mueren por otras enfermedades de las que no pueden defenderse con eficacia. Por último hay gatos en los que el virus queda latente en la médula ósea con su material genético integrado en las células del gato y, una vez reactivado, puede provocar enfermedades como la leucemia (de ahí su nombre). Estas reactivaciones pueden aparecer tras situaciones estresantes para el gato como otras enfermedades, gestaciones, lactancia, etc.
Además de los síntomas mencionados que pueden aparecer en las fases iniciales de la enfermedad, una vez desarrollada ésta en su totalidad los gatos afectados pueden presentar anemia, disminución en la cantidad de glóbulos blancos, alteración en el número de plaquetas y otras alteraciones sanguíneas. Esto, a su vez, puede inducir problemas respiratorios o del ritmo cardíaco, cansancio y hemorragias. También pueden desarrollarse cuadros de inmunodeficiencia y neoplasias como linfomas o leucemias. A su vez, estos linfomas, según en qué órganos estén localizados, pueden dar síntomas muy diversos. Y las inmunodeficiencias provocan que el gato sea incapaz de defenderse de multitud de enfermedades infecciosas que pueden afectar a cualquier órgano del cuerpo.
Para saber si un gato tiene el virus de la leucemia, es suficiente con que vuestro veterinario obtenga una muestra de sangre para realizar una prueba. 
Por desgracia no existe ningún tratamiento curativo para los gatos positivos y/o enfermos por el virus de la leucemia. Lo fundamental es evitar cualquier situación que pueda provocar estrés en el animal: es aconsejable que estos gatos vivan solos porque compartir residencia con otros gatos puede provocar situaciones de ansiedad que inhibe al sistema inmune. También es recomendable la esterilización, en gatas para evitar gestaciones y los cambios hormonales que pueden afectar a sus defensas y en gatos, sobre todo aquellos que viven en casas con acceso al exterior, para evitar peleas con otros machos. Deben desparasitarse con regularidad y recibir cuidados veterinarios adecuados para prevenir o tratar con rapidez cualquier enfermedad que puedan sufrir y también deben ser alimentados con productos de calidad que ayuden a fortalecer su estado corporal y sus defensas. También existen protocolos de quimioterapia para los tumores inducidos por el virus.
El arma que se ha mostrado más efectiva en la prevención de la enfermedad es la vacunación. Inicialmente es necesario administrar dos dosis, la primera a partir de las ocho o nueve semanas de edad. Las dosis de refuerzo se aplicarán en función del estilo de vida del gato.
Aunque seguro que ya lo sabéis, queremos recordaros que esta enfermedad no es contagiosa para las personas, con lo que se puede vivir sin ningún problema con un gato positivo (ahí tenéis a Calcetines).
Un saludo.
Centro Veterinario Travesía


martes, 17 de abril de 2012

Mi gato no quiere ir al veterinario


Esta mañana iba a venir Mincha a nuestra clínica. Se trata de una gata de raza Común europeo. Su dueña quería acercarla para hacerle una revisión prequirúrgica porque la va a castrar. Al final, resultó imposible. En cuanto Mincha vio que su dueña bajaba el transportín del trastero se escondió. Tras perseguirla por toda la casa, cuando al cabo de un buen rato logró atraparla e intentó meterla dentro del transportín, la gata le mordió una mano y su dueña la dejó por imposible.
Seguro que se trata de una situación que muchos de vosotros habéis padecido alguna vez. Algunos propietarios desisten de llevar a sus gatos al veterinario para evitar esos momentos de ansiedad y miedo. Sin embargo, las visitas al veterinario deberían hacerse de forma regular, sobre todo en gatos geriátricos.
Lo primero que debéis hacer es acostumbrar a vuestros gatos a los desplazamientos en su transportín, así que vamos a proponeros unas pautas para que os resulte más cómodo.
Como todas las técnicas de habituación, siempre es mejor empezar con los gatitos cuando son jóvenes. A esa edad son mucho más sociables y se adaptan con mayor facilidad a los ambientes novedosos.
Ante todo, debéis averiguar qué tipo de transportín es el más adecuado para vosotros y para vuestra mascota. Los más seguros son los de paredes rígidas, sobre todo si los desplazamientos van a ser en coche. De todas formas, hay gatos que prefieren los blandos. Por supuesto, siempre deben ser de fácil apertura. Mejor si tienen puerta en la parte superior y/o se desmontan con facilidad. En el Centro Veterinario Travesía os asesoraremos en función de vuestras preferencias. Si vuestro gato ha tenido malas experiencias con alguno de ellos, es mejor probar con otro totalmente distinto para conseguir que se acostumbre a él con mayor facilidad.
Lo mejor es tener el transportín siempre en casa, abierto y accesible al gato. Que vea que forma parte del mobiliario para que se convierta en un objeto familiar para él. Si vuestro gato sólo lo ve cuando va a ir al veterinario difícilmente entrará en él de buena gana. Hacedlo confortable para descansar, comer o jugar en él. Colocadlo en la habitación o en la zona de la casa donde el gato pase más tiempo. Podéis ponerlo al lado de su rascador. Si tiene su olor o el del dueño le resultará más familiar y confortable. Así que también podéis poner una prenda de ropa usada dentro o un trapo con el olor del gato después de haberlo frotado por su mejilla.
Ofrecedle comida en su interior, o alguna golosina que le guste mucho. Si no quiere ni acercarse, poned cerca su comedero e id aproximándolo poco a poco cada día hasta meterlo dentro. ¡No os agobiéis si os lleva mucho tiempo!. Es normal que tardéis días o semanas. Si es desmontable y el gato no quiere entrar, podéis quitarle la parte superior y empezar a habituar al gato a utilizar la zona inferior a modo de cama.
Haced que el gato entre y salga del transportín provocándolo con juegos, sobre todo con juguetes interactivos o con los que cuelgan de un hilo como una caña de pescar y que podréis introducir por la zona superior si el transportín se abre por arriba o si habéis retirado la parte superior del mismo. Nunca obliguéis al gato a meterse dentro. Los gatos no aprenden a la fuerza o con castigos. ¡Se trata de que lo haga de forma voluntaria!. Las recompensas refuerzan las conductas positivas. Premiad al gato cuando esté cerca o dentro de su transportín y aprovechad para acostumbrarlo a las manipulaciones que le hará el veterinario. Tocadle la cabeza, las patas, las orejas, abridle la boca... Si se pone muy nervioso, lo mejor es dejarlo por un rato e intentarlo más tarde de forma más gradual.
Si lo notáis un poco reacio, no os preocupéis. Podéis dejar las golosinas, algún juguete o hierba gatera dentro. Quizá por la noche, cuando esté más tranquilo y aburrido, entre en él. Por la mañana os encontraréis todo fuera.
Si vuestro gato sigue desconfiando, podéis utilizar feromonas faciales sintéticas. Se trata de un producto que, pulverizado sobre los objetos, hace que le resulten más familiares y agradables. Están disponibles en nuestra clínica. Harán su máximo efecto aplicándolas 30 minutos antes del desplazamiento. En caso de que sea obstinado y siga sin querer entrar, podéis envolverlo con una toalla impregnada de feromonas e introducirlo en el transportín envuelto en ella.
Cuando ya esté todo listo para salir de casa, podéis tapar el transportín con una manta. Algunos gatos se sentirán más tranquilos así aunque otros prefieren ir disfrutando del paisaje.
Si vais a ir en coche y a vuestro gato no le gusta demasiado, deberéis acostumbrarlo poco a poco.   Al principio sin ponerlo en marcha y siempre premiándole y acariciándole. Al volver a casa, dadle su comida preferida. Después probad con el motor encendido y finalmente dando algún que otro paseo corto. Por supuesto, nunca debe ir suelto en el vehículo. Además de ser peligroso ¡os pueden poner una buena multa!. Asegurad bien el transportín para evitar que se mueva durante el viaje. Lo ideal es colocarlo en el suelo entre los asientos traseros y delanteros. Es el sitio más seguro en caso de impacto. Mejor no pongáis la música muy alta y viajad con las ventanillas cerradas. Hay gatos que se tranquilizan si el dueño les habla de forma calmada. Cuanto más tranquilo esté el propietario mejor se sentirá el gato.
Algunos gatos se marean o manchan el transportín durante el trayecto, así que no sería mala idea utilizar un empapador en su base e incluso podéis llevar alguno más para cambiarlo en casa de que haga falta. Si necesitáis alguno, no dudéis en pedírnoslo.
Una vez en la sala de espera, es conveniente colocar el transportín en un sitio alto, a ser posible tapado con una toalla para que el gato no pueda ver a otros gatos o perros. En nuestra clínica le indicaremos dónde ponerlo para que el gato se siente más tranquilo.
Por último, si en casa hay varios gatos, es recomendable tomar ciertas precauciones a la hora de llevar a alguno de ellos de vuelta a casa, sobre todo tras una larga estancia en la clínica. Dejad al gato que vuelve a casa en el transportín durante unos minutos y observad la reacción de los demás. Si todos permanecen tranquilos, podréis abrir el transportín y dejar que el gato se una a sus compañeros. Si percibís cierta tensión entre ellos, probablemente sea porque el gato que vuelve a casa trae olores de la clínica. Si esto ocurre, mantenedlo separado en una habitación durante un mínimo de 24 horas para que adopte un olor más familiar.
Os dejamos un video explicativo. Está en inglés. Básicamente recomiendan todo lo que os acabamos de contar, pero poniéndole unas imágenes muy bonitas.


Un saludo.

Centro Veterinario Travesía

jueves, 23 de febrero de 2012

Otitis

Seguro que a más de uno de vosotros os suenan estos síntomas. Vuestro perro o gato sacude la cabeza, baja las orejas y no para de rascarlas, se frota contra las alfombras, tiene mucha cera en el pabellón auditivo, los oídos le huelen mal... Efectivamente, se trata de una otitis. En los perros y los gatos, el conducto auditivo externo está formado por dos partes, una vertical y otra horizontal, que desemboca en el tímpano. La otitis externa es una inflamación aguda o crónica del conducto auditivo externo y del tímpano.
Se considera que las consultas por otitis externas en perros representan del cinco al diez por ciento de las visitas al veterinario y en torno al dos por ciento si se trata de gatos. Se trata de una de las enfermedades dermatológicas más frecuentes en nuestros animales de compañía, sobre todo en los perros. Y decimos dermatológicas porque el recubrimiento de los conductos auditivos no es más que una continuidad de la piel ligeramente modificada. Por ello, con frecuencia, las otitis están relacionadas con enfermedades de la piel. Pero no adelantemos acontecimientos.
¿Qué provoca una otitis?
Son muchos los factores que inducen o perpetúan una otitis, es decir, se trata de una patología multifactorial.
Existen varios factores que predisponen al oído a padecer una otitis. Como la conformación o el tamaño del conducto auditivo en razas como el Pastor alemán o el Shar pei, el exceso de pelo propio de ciertas razas que impide una correcta aireación y eliminación de la cera, la humedad y el calor excesivos (como en perros de orejas colgantes o que se bañan a menudo), patologías obstructivas (como pólipos inflamatorios en gatos que suelen asociarse a signos respiratorios o tumores) o tratamientos o limpiezas inapropiadas.
Dentro de las causas primarias, es decir, aquellas que por sí mismas son capaces de provocar una otitis puede haber:
- cuerpos extraños: son frecuentes las espigas de las hierbas en verano, sobre todo en aquellos perros de orejas caídas como los Cocker. La espiga se engancha al pelo y, debido a la configuración de sus fibras, se va introduciendo en el conducto con los movimientos del animal
- parásitos: fundamentalmente un ácaro, Otodectes cynotis. Se trata de la causa de otitis más frecuente en gatos, sobre todo jóvenes, y también en cachorros ya que se contagian con facilidad y muchas veces es la propia madre la que, aún en ausencia de síntomas, puede transmitirlos a sus hijos.
- enfermedades alérgicas: sobre todo dermatitis atópicas e intolerancias alimentarias. Recordad la conexión entre las enfermedades de la piel y los problemas de oídos. Para que os hagáis una idea, el 80% de los perros que presentan dermatitis atópica (alergia a pólenes y ácaros del polvo) o  alergia  o intolerancia alimentaria desarrollan una otitis y en muchos casos la otitis es el único síntoma de la alergia (en torno al 20% de los perros con alergia alimentaria).
- enfermedades autoinmunes
- problemas de tipo seborreico (muchas veces secundarios a enfermedades endocrinas) o alteraciones glandulares (¡las paredes de los conductos están tapizadas de un sinfín de glándulas!)
- tumores
Por otro lado se encuentran las causas secundarias. Que son las que en un oído predispuesto y asociándose a alguna causa primaria o a algún factor predisponente, desarrollan o perpetúan la otitis. Así, nos encontramos con reacciones irritativas de contacto -debido al uso de medicamentos o limpiadores-, bacterias y levaduras. Estas bacterias y levaduras se encuentran con frecuencia en oídos de perros sanos sin que les den ningún problema pero, aprovechando las condiciones de un oído ya “tocado” proliferan empeorando todo el cuadro.
En casos crónicos, aparecen una serie de transformaciones en el oído que empeoran la otitits y aumentan el malestar del animal.
Ante un problema de este tipo, vuestro veterinario explorará concienzudamente los oídos de vuestra mascota. Los dos oídos, porque la otitis puede afectar a uno de ellos o a los dos y cada oído puede requerir un tratamiento diferente. En otitis complicadas y dolorosas puede ser necesaria la sedación. Y, si lo considera conveniente, tomará muestras para observar al microscopio y/o para realizar una citología y descubrir así qué tipo de gérmenes están implicados. Incluso, en base a estos resultados puede solicitar la realización de un antibiograma para averiguar cuál es el antibiótico más adecuado para combatirlos.
El tratamiento suele asociar un antiinflamatorio con un antibiótico, bactericida y/o fungicida. Siempre se recomienda un tratamiento tópico, es decir, aplicado en el conducto auditivo, generalmente en forma de gotas, dos veces al día. En algunos casos puede ser recomendable asociar un tratamiento sistémico (es decir, actuando a nivel general, sobre todo el organismo) como cuando se trata de parásitos, cuando se requiere aumentar el efecto antiinflamatorio o cuando nos encontramos ante una otitis complicada. Pero, en general, lo indicado ante un problema de oídos es el tratamiento tópico. La forma de aplicarlo es la misma que ya os habíamos explicado en la entrada sobre la limpieza de oídos, sólo que sin secar tan concienzudamente el conducto para eliminar los restos del producto. Así el medicamento podrá actuar mejor y durante más tiempo.
A todo esto se le puede añadir el uso de un limpiador ótico. Existen muchos en el mercado. Vuestro veterinario os recomendará el más adecuado para vuestra mascota. La frecuencia de limpieza varía en función del cuadro clínico. Estos limpiadores también pueden utilizarse como forma de prevención en animales predispuestos a padecer otitis.
No pretendemos desanimaros, pero los tratamientos suelen ser largos. En general, se recomienda un mínimo de dos a tres semanas en otitis agudas. Y siempre vuestro veterinario deberá valorar la evolución de la enfermedad antes de suspender el tratamiento. Muchas otitis se cronifican porque en cuanto el animal mejora el propietario deja de aplicar el tratamiento sin que se haya producido la curación. La utilización inadecuada de antibióticos puede destruir la flora normal e inducir la colonización masiva por bacterias patógenas.
Algunas otitis pueden volverse crónicas o repetitivas porque existe una causa primaria como una alergia (cada vez más frecuentes) que, si no se trata, hará que ese oído empeore cada vez más. 
Por último, en casos puntuales puede ser necesario realizar cirugías de los oídos para facilitar la ventilación y la limpieza del conducto.
Un saludo.
Centro Veterinario Travesía

miércoles, 8 de febrero de 2012

Cómo lograr que los animales de casa acepten a una nueva mascota


Para todos aquellos que ya tenéis una mascota y estáis pensando en llevar a casa otro animal, vamos a daros unos consejos que os pueden resultar interesantes.
Lo primero, tened paciencia y concededle algún tiempo al resto de los animales de la casa para que se adapten a la nueva situación. Es normal que intenten llamar vuestra atención ante un animal que consideran extraño ladrando, cogiendo cosas, apartando a la nueva mascota o saltando para pedir caricias o mimos. Se trata de comportamientos normales que no deben preocuparos y que probablemente desaparezcan en unos días.
Por supuesto, aseguraos de que la nueva mascota esté desparasitada tanto interna como externamente, vacunada y goce de buena salud. Antes de llevarla a casa acercadla a vuestro veterinario de confianza para someterla a una exploración adecuada.
Lo ideal es realizar una introducción gradual de la nueva mascota, observando las reacciones de cada animal y anticipándose a las situaciones conflictivas. Esto puede durar de horas a semanas según su carácter. Al principio se mantendrán separados cuando no haya nadie con ellos y no puedan ser vigilados. Es importante que los animales de la casa no se sientan desplazados por la presencia del nuevo inquilino. Debe permitirse su acceso a las zonas de la casa que frecuenten. La nueva mascota deberá encerrarse en un lugar tranquilo con comida, agua, su cama, algún juguete y una bandeja de arena si es un gato. Se optará por un lugar que no sea de especial interés para los demás. Las zonas más interesantes desde el punto de vista del animal (y que por lo tanto se deben evitar para colocar al nuevo) suelen ser aquellas en las que los dueños pasan más tiempo con ellos, como el salón, el dormitorio, o aquellas donde descansan.
Si es necesario encerrar a alguno de los animales, deberá seguir recibiendo toda la atención que sea posible. En ese caso, durante el tiempo que dure este período de introducción gradual, deberéis pasar un mínimo de cinco a diez minutos al día con cada uno de los animales por separado prestándole toda vuestra atención y cariño y jugando con él.
Lo mejor es que se conozcan cuando estén tranquilos y relajados. Hay que acariciarlos y tranquilizarlos siempre que sus reacciones sean las adecuadas. Si intentáis tranquilizar a alguno de ellos cuando esté nervioso o enfadado lo único que conseguiréis será reforzar esa ansiedad o ese comportamiento agresivo, con lo que el problema se agravará. Premiadlos con comida, golosinas o caricias únicamente cuando muestren una actitud relajada o de aceptación del otro animal. Inicialmente deberán estar lo suficientemente alejados el uno del otro para que no puedan tocarse. Por ejemplo, podréis darle de comer a uno de ellos en un extremo del pasillo o de una habitación mientras el otro está sujeto en el extremo opuesto de la estancia (si es posible bajo la supervisión de otra persona que lo calme). Si los animales están tranquilos, entonces cada día podrán acercarse un poco más el uno al otro. Dar de comer y acariciar a cada animal en presencia del otro les enseña a relacionar dicha presencia con algo agradable. Es mejor si una persona lo hace con el nuevo animal mientras otra lo hace con los que ya estaban en casa. Esas dos personas deberán turnarse para que las mascotas no relacionen las recompensas con una de ellas.
Trasto y Yuna, tan amigos
Si, a medida que pasa el tiempo y los animales se van aproximando poco a poco, las reacciones son las adecuadas, entonces podrán soltarse, pero siempre vigilando su actitud.
Existen ciertas manifestaciones de agresividad que no son demasiado violentas pero que conviene saber reconocer ya que entorpecen el desarrollo de una buena relación entre las mascotas. Los perros pueden erizar el pelo, mirarse fijamente, gruñir, colocarse uno al lado del otro, enseñar los dientes... Los gatos pueden bufar, erizar el pelo de la cola, arquear el tronco. No debéis interponeros entre ellos si aparecen esas conductas, ¡podría ser peligroso!. Si sois capaces de identificar al animal agresivo, encerradlo en un sitio neutral y si no sabéis cuál de los dos ha empezado, encerrad a cada uno en una habitación.
Durante el período de introducción es importante que los animales tengan más comederos, bebederos, camas y juguetes de lo habitual para evitar situaciones de competitividad entre ellos.

¿Cómo percibe un gato a un perro?
Debéis tener en cuenta que, para un gato, cualquier animal de mayor tamaño que se mueva hacia él puede considerarse un potencial predador, incluidos los perros, ¡y los humanos!. Su instinto le empujará a salir corriendo y, si no puede huir, a enfrentarse al supuesto peligro. Debe protegerse al gato de los posibles ataques del perro. Pero, si el perro es de menor tamaño que el gato y/o está bien socializado con los gatos y se muestra pasivo, quizá debáis proteger al perro de los posibles ataques de un gato agresivo o atemorizado (podéis encerrar a uno de ellos en un transportín mientras observáis la reacción del otro).
Para conseguir que los animales se acepten sin problemas es fundamental dotarse de mucha paciencia y vigilarlos continuamente. No debéis pegar a los animales ni obligarlos a establecer una relación que no desean. También debe tenerse en cuenta que las relaciones jerárquicas entre los animales pueden variar con el tiempo, (relaciones que establecen, sobre todo, los perros). Así un animal que siempre pareció el líder, puede verse relegado a una posición inferior. Recordad que esto no tiene por qué suponer un inconveniente para él.

Si se trata de dos gatos
Si pensáis introducir un nuevo gato en una vivienda donde ya vive otro, además de todo lo que os acabamos de recomendar, podéis poner en práctica algún truquillo que tiene en cuenta las particularidades de esta especie.
Si es posible, podéis dividir el espacio de la vivienda en dos territorios perfectamente diferenciados, separados y sin posibilidad de contacto visual. En cada uno de ellos alojaréis a uno de los gatos con su bandeja de la arena, cama, comedero, bebedero y juguetes. Cada dos días a lo largo de una o dos semanas cambiaréis todo de territorio. Es decir, debéis mudar a cada gato con sus pertenencias para que así se acostumbren a los olores del compañero y ninguno tenga especial predilección por alguno de los territorios.
Durante ese tiempo también podéis obtener feromonas apaciguantes naturales de las glándulas de sus mejillas. Se consiguen frotando un paño desde la comisura labial hasta la base de la oreja unas cuantas veces. Después de hacerlo con uno de los gatos, haréis lo mismo utilizando el mismo paño con el otro gato. Sin apretar, con suavidad, como si le hiciérais una caricia. De esa forma "marcaréis" a cada uno con las feromonas calmantes del otro.
Al cabo de esas dos semanas podréis probar el contacto visual entre ellos, quizá dándoles de comer en presencia del otro, inicialmente alejados, como os hemos indicado más arriba.
Además, los gatos tienen otra peculiaridad. Algunos llevan muy mal el regreso de un compañero que haya pasado un tiempo en la clínica veterinaria, sobre todo si ha sido hospitalizado por unos días. En esos casos, es preferible que el gato convaleciente permanezca unas horas en una habitación (con todo lo necesario) y observar la reacción de los demás gatos de la casa. Durante las siguientes 24 - 48 horas realizad un protocolo de reintroducción como el que acabamos de explicar, pero "acelerado". Si en algún momento hay una reacción negativa por parte de alguno de los gatos, separadlos inmediatamente e iniciad el protocolo poco a poco.
Lo de compartir cama a Trasto ya no le hacía tanta gracia

Un saludo.
Centro Veterinario Travesía

viernes, 20 de enero de 2012

Cobayas: cuidados y alimentación


Vamos a dedicar esta entrada a unas mascotas pequeñas y sociables, ideales para niños, las cobayas.
Su esperanza de vida es de unos cinco a siete años y alcanzan la madurez sexual en torno a los tres meses los machos y a los cuatro meses las hembras. Los machos pueden sobrepasar el kilo de peso y las hembras son algo más pequeñas.
Son originarios de América del Sur, donde viven en estado salvaje en las montañas o praderas formando grupos de unos cinco a diez individuos. Como son animales muy sociables, es mejor tenerlos en pareja o en pequeños grupos (en este caso, se recomienda castrar a los machos). Forman agrupaciones estables, y aunque muy rara vez se pelean, si se añade un nuevo miembro a la comunidad deben dejarse a su disposición refugios donde pueda esconderse.

La gestación dura unos 68 días y las crías (una media de tres a cuatro) se destetan a las tres o cuatro semanas, edad en la cual ya han alcanzado los 200 gramos de peso. Las hembras preñadas deben ser separadas del resto al final de la gestación y dejarlas aparte con sus bebés hasta el destete.

La jaula donde se alojen tendrá un tamaño mínimo de 0.9 m2 por cada cobaya adulta y disponer de una zona de nido cerrada y, por supuesto, mantenerse limpia y seca (lo ideal es limpiarla dos o tres veces a la semana). Si es grande debe tener refugios donde puedan ocultarse que pueden fabricarse con algo tan sencillo como un trozo de tubería.
Como material de cama para el fondo de la jaula puede utilizarse arena, virutas, tiras de papel o heno.
El rango de temperatura ideal para las cobayas se encuentra entre los 16 y los 24 grados centígrados, con cuidado de no superar los 30, pues son bastante susceptibles a los golpes de calor.
Para sujetarlas, es mejor hacerlo agarrándolas por los hombros, porque si se cogen por el abdomen y se les aprieta mucho se les puede dañar el hígado. Son animales que vocalizan mucho. Si se sienten amenazadas emiten un chillido muy característico. Hay muchas variedades en cuanto al color y la longitud del pelo.
En cuando a la alimentación, su consumo diario de comida es de unos 50 a 80 gramos. Son muy selectivas con la comida, motivo por el cual es recomendable alimentarlas con pienso en pellets para asegurar una alimentación equilibrada. Siempre suplementando su dieta con vegetales frescos. Además deben tener a su alcance heno o hierba, cuya fibra es muy importante para el correcto desgaste de los dientes.
El agua puede estar disponible en cuencos (pesados, para evitar vuelcos) o en bebederos en alto para succión. De todas formas, no son muy amigas de los cambios, por lo que si decidís sustituir un tipo de bebedero por otro debéis hacerlo de forma gradual y observando la respuesta de vuestra mascota.
Las cobayas necesitan un aporte importante de vitamina C en la dieta. Los alimentos comerciales especiales para ellas están enriquecidos con esta vitamina, pero muchas veces se pierde al cabo del tiempo una vez abierto el envase por lo que es recomendable suplementar su dieta diaria con vegetales frescos ricos en dicha vitamina, como pimiento rojo, pimiento verde, tomate, espárragos, repollo, espinacas, achicoria, calabaza o col rizada (los cítricos no les gustan demasiado). En caso de que vuestro veterinario considere conveniente administrarle un aporte extra de vitamina C, como ésta se pierde enseguida en contacto con el aire y con la luz, si se le da en el agua de bebida conviene cambiarla todos los días y si se administra de otra forma habrá que hacerlo siguiendo las instrucciones de conservación y uso del fabricante.
Un saludo.
Centro Veterinario Travesía