jueves, 23 de febrero de 2012

Otitis

Seguro que a más de uno de vosotros os suenan estos síntomas. Vuestro perro o gato sacude la cabeza, baja las orejas y no para de rascarlas, se frota contra las alfombras, tiene mucha cera en el pabellón auditivo, los oídos le huelen mal... Efectivamente, se trata de una otitis. En los perros y los gatos, el conducto auditivo externo está formado por dos partes, una vertical y otra horizontal, que desemboca en el tímpano. La otitis externa es una inflamación aguda o crónica del conducto auditivo externo y del tímpano.
Se considera que las consultas por otitis externas en perros representan del cinco al diez por ciento de las visitas al veterinario y en torno al dos por ciento si se trata de gatos. Se trata de una de las enfermedades dermatológicas más frecuentes en nuestros animales de compañía, sobre todo en los perros. Y decimos dermatológicas porque el recubrimiento de los conductos auditivos no es más que una continuidad de la piel ligeramente modificada. Por ello, con frecuencia, las otitis están relacionadas con enfermedades de la piel. Pero no adelantemos acontecimientos.
¿Qué provoca una otitis?
Son muchos los factores que inducen o perpetúan una otitis, es decir, se trata de una patología multifactorial.
Existen varios factores que predisponen al oído a padecer una otitis. Como la conformación o el tamaño del conducto auditivo en razas como el Pastor alemán o el Shar pei, el exceso de pelo propio de ciertas razas que impide una correcta aireación y eliminación de la cera, la humedad y el calor excesivos (como en perros de orejas colgantes o que se bañan a menudo), patologías obstructivas (como pólipos inflamatorios en gatos que suelen asociarse a signos respiratorios o tumores) o tratamientos o limpiezas inapropiadas.
Dentro de las causas primarias, es decir, aquellas que por sí mismas son capaces de provocar una otitis puede haber:
- cuerpos extraños: son frecuentes las espigas de las hierbas en verano, sobre todo en aquellos perros de orejas caídas como los Cocker. La espiga se engancha al pelo y, debido a la configuración de sus fibras, se va introduciendo en el conducto con los movimientos del animal
- parásitos: fundamentalmente un ácaro, Otodectes cynotis. Se trata de la causa de otitis más frecuente en gatos, sobre todo jóvenes, y también en cachorros ya que se contagian con facilidad y muchas veces es la propia madre la que, aún en ausencia de síntomas, puede transmitirlos a sus hijos.
- enfermedades alérgicas: sobre todo dermatitis atópicas e intolerancias alimentarias. Recordad la conexión entre las enfermedades de la piel y los problemas de oídos. Para que os hagáis una idea, el 80% de los perros que presentan dermatitis atópica (alergia a pólenes y ácaros del polvo) o  alergia  o intolerancia alimentaria desarrollan una otitis y en muchos casos la otitis es el único síntoma de la alergia (en torno al 20% de los perros con alergia alimentaria).
- enfermedades autoinmunes
- problemas de tipo seborreico (muchas veces secundarios a enfermedades endocrinas) o alteraciones glandulares (¡las paredes de los conductos están tapizadas de un sinfín de glándulas!)
- tumores
Por otro lado se encuentran las causas secundarias. Que son las que en un oído predispuesto y asociándose a alguna causa primaria o a algún factor predisponente, desarrollan o perpetúan la otitis. Así, nos encontramos con reacciones irritativas de contacto -debido al uso de medicamentos o limpiadores-, bacterias y levaduras. Estas bacterias y levaduras se encuentran con frecuencia en oídos de perros sanos sin que les den ningún problema pero, aprovechando las condiciones de un oído ya “tocado” proliferan empeorando todo el cuadro.
En casos crónicos, aparecen una serie de transformaciones en el oído que empeoran la otitits y aumentan el malestar del animal.
Ante un problema de este tipo, vuestro veterinario explorará concienzudamente los oídos de vuestra mascota. Los dos oídos, porque la otitis puede afectar a uno de ellos o a los dos y cada oído puede requerir un tratamiento diferente. En otitis complicadas y dolorosas puede ser necesaria la sedación. Y, si lo considera conveniente, tomará muestras para observar al microscopio y/o para realizar una citología y descubrir así qué tipo de gérmenes están implicados. Incluso, en base a estos resultados puede solicitar la realización de un antibiograma para averiguar cuál es el antibiótico más adecuado para combatirlos.
El tratamiento suele asociar un antiinflamatorio con un antibiótico, bactericida y/o fungicida. Siempre se recomienda un tratamiento tópico, es decir, aplicado en el conducto auditivo, generalmente en forma de gotas, dos veces al día. En algunos casos puede ser recomendable asociar un tratamiento sistémico (es decir, actuando a nivel general, sobre todo el organismo) como cuando se trata de parásitos, cuando se requiere aumentar el efecto antiinflamatorio o cuando nos encontramos ante una otitis complicada. Pero, en general, lo indicado ante un problema de oídos es el tratamiento tópico. La forma de aplicarlo es la misma que ya os habíamos explicado en la entrada sobre la limpieza de oídos, sólo que sin secar tan concienzudamente el conducto para eliminar los restos del producto. Así el medicamento podrá actuar mejor y durante más tiempo.
A todo esto se le puede añadir el uso de un limpiador ótico. Existen muchos en el mercado. Vuestro veterinario os recomendará el más adecuado para vuestra mascota. La frecuencia de limpieza varía en función del cuadro clínico. Estos limpiadores también pueden utilizarse como forma de prevención en animales predispuestos a padecer otitis.
No pretendemos desanimaros, pero los tratamientos suelen ser largos. En general, se recomienda un mínimo de dos a tres semanas en otitis agudas. Y siempre vuestro veterinario deberá valorar la evolución de la enfermedad antes de suspender el tratamiento. Muchas otitis se cronifican porque en cuanto el animal mejora el propietario deja de aplicar el tratamiento sin que se haya producido la curación. La utilización inadecuada de antibióticos puede destruir la flora normal e inducir la colonización masiva por bacterias patógenas.
Algunas otitis pueden volverse crónicas o repetitivas porque existe una causa primaria como una alergia (cada vez más frecuentes) que, si no se trata, hará que ese oído empeore cada vez más. 
Por último, en casos puntuales puede ser necesario realizar cirugías de los oídos para facilitar la ventilación y la limpieza del conducto.
Un saludo.
Centro Veterinario Travesía

miércoles, 8 de febrero de 2012

Cómo lograr que los animales de casa acepten a una nueva mascota


Para todos aquellos que ya tenéis una mascota y estáis pensando en llevar a casa otro animal, vamos a daros unos consejos que os pueden resultar interesantes.
Lo primero, tened paciencia y concededle algún tiempo al resto de los animales de la casa para que se adapten a la nueva situación. Es normal que intenten llamar vuestra atención ante un animal que consideran extraño ladrando, cogiendo cosas, apartando a la nueva mascota o saltando para pedir caricias o mimos. Se trata de comportamientos normales que no deben preocuparos y que probablemente desaparezcan en unos días.
Por supuesto, aseguraos de que la nueva mascota esté desparasitada tanto interna como externamente, vacunada y goce de buena salud. Antes de llevarla a casa acercadla a vuestro veterinario de confianza para someterla a una exploración adecuada.
Lo ideal es realizar una introducción gradual de la nueva mascota, observando las reacciones de cada animal y anticipándose a las situaciones conflictivas. Esto puede durar de horas a semanas según su carácter. Al principio se mantendrán separados cuando no haya nadie con ellos y no puedan ser vigilados. Es importante que los animales de la casa no se sientan desplazados por la presencia del nuevo inquilino. Debe permitirse su acceso a las zonas de la casa que frecuenten. La nueva mascota deberá encerrarse en un lugar tranquilo con comida, agua, su cama, algún juguete y una bandeja de arena si es un gato. Se optará por un lugar que no sea de especial interés para los demás. Las zonas más interesantes desde el punto de vista del animal (y que por lo tanto se deben evitar para colocar al nuevo) suelen ser aquellas en las que los dueños pasan más tiempo con ellos, como el salón, el dormitorio, o aquellas donde descansan.
Si es necesario encerrar a alguno de los animales, deberá seguir recibiendo toda la atención que sea posible. En ese caso, durante el tiempo que dure este período de introducción gradual, deberéis pasar un mínimo de cinco a diez minutos al día con cada uno de los animales por separado prestándole toda vuestra atención y cariño y jugando con él.
Lo mejor es que se conozcan cuando estén tranquilos y relajados. Hay que acariciarlos y tranquilizarlos siempre que sus reacciones sean las adecuadas. Si intentáis tranquilizar a alguno de ellos cuando esté nervioso o enfadado lo único que conseguiréis será reforzar esa ansiedad o ese comportamiento agresivo, con lo que el problema se agravará. Premiadlos con comida, golosinas o caricias únicamente cuando muestren una actitud relajada o de aceptación del otro animal. Inicialmente deberán estar lo suficientemente alejados el uno del otro para que no puedan tocarse. Por ejemplo, podréis darle de comer a uno de ellos en un extremo del pasillo o de una habitación mientras el otro está sujeto en el extremo opuesto de la estancia (si es posible bajo la supervisión de otra persona que lo calme). Si los animales están tranquilos, entonces cada día podrán acercarse un poco más el uno al otro. Dar de comer y acariciar a cada animal en presencia del otro les enseña a relacionar dicha presencia con algo agradable. Es mejor si una persona lo hace con el nuevo animal mientras otra lo hace con los que ya estaban en casa. Esas dos personas deberán turnarse para que las mascotas no relacionen las recompensas con una de ellas.
Trasto y Yuna, tan amigos
Si, a medida que pasa el tiempo y los animales se van aproximando poco a poco, las reacciones son las adecuadas, entonces podrán soltarse, pero siempre vigilando su actitud.
Existen ciertas manifestaciones de agresividad que no son demasiado violentas pero que conviene saber reconocer ya que entorpecen el desarrollo de una buena relación entre las mascotas. Los perros pueden erizar el pelo, mirarse fijamente, gruñir, colocarse uno al lado del otro, enseñar los dientes... Los gatos pueden bufar, erizar el pelo de la cola, arquear el tronco. No debéis interponeros entre ellos si aparecen esas conductas, ¡podría ser peligroso!. Si sois capaces de identificar al animal agresivo, encerradlo en un sitio neutral y si no sabéis cuál de los dos ha empezado, encerrad a cada uno en una habitación.
Durante el período de introducción es importante que los animales tengan más comederos, bebederos, camas y juguetes de lo habitual para evitar situaciones de competitividad entre ellos.

¿Cómo percibe un gato a un perro?
Debéis tener en cuenta que, para un gato, cualquier animal de mayor tamaño que se mueva hacia él puede considerarse un potencial predador, incluidos los perros, ¡y los humanos!. Su instinto le empujará a salir corriendo y, si no puede huir, a enfrentarse al supuesto peligro. Debe protegerse al gato de los posibles ataques del perro. Pero, si el perro es de menor tamaño que el gato y/o está bien socializado con los gatos y se muestra pasivo, quizá debáis proteger al perro de los posibles ataques de un gato agresivo o atemorizado (podéis encerrar a uno de ellos en un transportín mientras observáis la reacción del otro).
Para conseguir que los animales se acepten sin problemas es fundamental dotarse de mucha paciencia y vigilarlos continuamente. No debéis pegar a los animales ni obligarlos a establecer una relación que no desean. También debe tenerse en cuenta que las relaciones jerárquicas entre los animales pueden variar con el tiempo, (relaciones que establecen, sobre todo, los perros). Así un animal que siempre pareció el líder, puede verse relegado a una posición inferior. Recordad que esto no tiene por qué suponer un inconveniente para él.

Si se trata de dos gatos
Si pensáis introducir un nuevo gato en una vivienda donde ya vive otro, además de todo lo que os acabamos de recomendar, podéis poner en práctica algún truquillo que tiene en cuenta las particularidades de esta especie.
Si es posible, podéis dividir el espacio de la vivienda en dos territorios perfectamente diferenciados, separados y sin posibilidad de contacto visual. En cada uno de ellos alojaréis a uno de los gatos con su bandeja de la arena, cama, comedero, bebedero y juguetes. Cada dos días a lo largo de una o dos semanas cambiaréis todo de territorio. Es decir, debéis mudar a cada gato con sus pertenencias para que así se acostumbren a los olores del compañero y ninguno tenga especial predilección por alguno de los territorios.
Durante ese tiempo también podéis obtener feromonas apaciguantes naturales de las glándulas de sus mejillas. Se consiguen frotando un paño desde la comisura labial hasta la base de la oreja unas cuantas veces. Después de hacerlo con uno de los gatos, haréis lo mismo utilizando el mismo paño con el otro gato. Sin apretar, con suavidad, como si le hiciérais una caricia. De esa forma "marcaréis" a cada uno con las feromonas calmantes del otro.
Al cabo de esas dos semanas podréis probar el contacto visual entre ellos, quizá dándoles de comer en presencia del otro, inicialmente alejados, como os hemos indicado más arriba.
Además, los gatos tienen otra peculiaridad. Algunos llevan muy mal el regreso de un compañero que haya pasado un tiempo en la clínica veterinaria, sobre todo si ha sido hospitalizado por unos días. En esos casos, es preferible que el gato convaleciente permanezca unas horas en una habitación (con todo lo necesario) y observar la reacción de los demás gatos de la casa. Durante las siguientes 24 - 48 horas realizad un protocolo de reintroducción como el que acabamos de explicar, pero "acelerado". Si en algún momento hay una reacción negativa por parte de alguno de los gatos, separadlos inmediatamente e iniciad el protocolo poco a poco.
Lo de compartir cama a Trasto ya no le hacía tanta gracia

Un saludo.
Centro Veterinario Travesía