martes, 17 de abril de 2012

Mi gato no quiere ir al veterinario


Esta mañana iba a venir Mincha a nuestra clínica. Se trata de una gata de raza Común europeo. Su dueña quería acercarla para hacerle una revisión prequirúrgica porque la va a castrar. Al final, resultó imposible. En cuanto Mincha vio que su dueña bajaba el transportín del trastero se escondió. Tras perseguirla por toda la casa, cuando al cabo de un buen rato logró atraparla e intentó meterla dentro del transportín, la gata le mordió una mano y su dueña la dejó por imposible.
Seguro que se trata de una situación que muchos de vosotros habéis padecido alguna vez. Algunos propietarios desisten de llevar a sus gatos al veterinario para evitar esos momentos de ansiedad y miedo. Sin embargo, las visitas al veterinario deberían hacerse de forma regular, sobre todo en gatos geriátricos.
Lo primero que debéis hacer es acostumbrar a vuestros gatos a los desplazamientos en su transportín, así que vamos a proponeros unas pautas para que os resulte más cómodo.
Como todas las técnicas de habituación, siempre es mejor empezar con los gatitos cuando son jóvenes. A esa edad son mucho más sociables y se adaptan con mayor facilidad a los ambientes novedosos.
Ante todo, debéis averiguar qué tipo de transportín es el más adecuado para vosotros y para vuestra mascota. Los más seguros son los de paredes rígidas, sobre todo si los desplazamientos van a ser en coche. De todas formas, hay gatos que prefieren los blandos. Por supuesto, siempre deben ser de fácil apertura. Mejor si tienen puerta en la parte superior y/o se desmontan con facilidad. En el Centro Veterinario Travesía os asesoraremos en función de vuestras preferencias. Si vuestro gato ha tenido malas experiencias con alguno de ellos, es mejor probar con otro totalmente distinto para conseguir que se acostumbre a él con mayor facilidad.
Lo mejor es tener el transportín siempre en casa, abierto y accesible al gato. Que vea que forma parte del mobiliario para que se convierta en un objeto familiar para él. Si vuestro gato sólo lo ve cuando va a ir al veterinario difícilmente entrará en él de buena gana. Hacedlo confortable para descansar, comer o jugar en él. Colocadlo en la habitación o en la zona de la casa donde el gato pase más tiempo. Podéis ponerlo al lado de su rascador. Si tiene su olor o el del dueño le resultará más familiar y confortable. Así que también podéis poner una prenda de ropa usada dentro o un trapo con el olor del gato después de haberlo frotado por su mejilla.
Ofrecedle comida en su interior, o alguna golosina que le guste mucho. Si no quiere ni acercarse, poned cerca su comedero e id aproximándolo poco a poco cada día hasta meterlo dentro. ¡No os agobiéis si os lleva mucho tiempo!. Es normal que tardéis días o semanas. Si es desmontable y el gato no quiere entrar, podéis quitarle la parte superior y empezar a habituar al gato a utilizar la zona inferior a modo de cama.
Haced que el gato entre y salga del transportín provocándolo con juegos, sobre todo con juguetes interactivos o con los que cuelgan de un hilo como una caña de pescar y que podréis introducir por la zona superior si el transportín se abre por arriba o si habéis retirado la parte superior del mismo. Nunca obliguéis al gato a meterse dentro. Los gatos no aprenden a la fuerza o con castigos. ¡Se trata de que lo haga de forma voluntaria!. Las recompensas refuerzan las conductas positivas. Premiad al gato cuando esté cerca o dentro de su transportín y aprovechad para acostumbrarlo a las manipulaciones que le hará el veterinario. Tocadle la cabeza, las patas, las orejas, abridle la boca... Si se pone muy nervioso, lo mejor es dejarlo por un rato e intentarlo más tarde de forma más gradual.
Si lo notáis un poco reacio, no os preocupéis. Podéis dejar las golosinas, algún juguete o hierba gatera dentro. Quizá por la noche, cuando esté más tranquilo y aburrido, entre en él. Por la mañana os encontraréis todo fuera.
Si vuestro gato sigue desconfiando, podéis utilizar feromonas faciales sintéticas. Se trata de un producto que, pulverizado sobre los objetos, hace que le resulten más familiares y agradables. Están disponibles en nuestra clínica. Harán su máximo efecto aplicándolas 30 minutos antes del desplazamiento. En caso de que sea obstinado y siga sin querer entrar, podéis envolverlo con una toalla impregnada de feromonas e introducirlo en el transportín envuelto en ella.
Cuando ya esté todo listo para salir de casa, podéis tapar el transportín con una manta. Algunos gatos se sentirán más tranquilos así aunque otros prefieren ir disfrutando del paisaje.
Si vais a ir en coche y a vuestro gato no le gusta demasiado, deberéis acostumbrarlo poco a poco.   Al principio sin ponerlo en marcha y siempre premiándole y acariciándole. Al volver a casa, dadle su comida preferida. Después probad con el motor encendido y finalmente dando algún que otro paseo corto. Por supuesto, nunca debe ir suelto en el vehículo. Además de ser peligroso ¡os pueden poner una buena multa!. Asegurad bien el transportín para evitar que se mueva durante el viaje. Lo ideal es colocarlo en el suelo entre los asientos traseros y delanteros. Es el sitio más seguro en caso de impacto. Mejor no pongáis la música muy alta y viajad con las ventanillas cerradas. Hay gatos que se tranquilizan si el dueño les habla de forma calmada. Cuanto más tranquilo esté el propietario mejor se sentirá el gato.
Algunos gatos se marean o manchan el transportín durante el trayecto, así que no sería mala idea utilizar un empapador en su base e incluso podéis llevar alguno más para cambiarlo en casa de que haga falta. Si necesitáis alguno, no dudéis en pedírnoslo.
Una vez en la sala de espera, es conveniente colocar el transportín en un sitio alto, a ser posible tapado con una toalla para que el gato no pueda ver a otros gatos o perros. En nuestra clínica le indicaremos dónde ponerlo para que el gato se siente más tranquilo.
Por último, si en casa hay varios gatos, es recomendable tomar ciertas precauciones a la hora de llevar a alguno de ellos de vuelta a casa, sobre todo tras una larga estancia en la clínica. Dejad al gato que vuelve a casa en el transportín durante unos minutos y observad la reacción de los demás. Si todos permanecen tranquilos, podréis abrir el transportín y dejar que el gato se una a sus compañeros. Si percibís cierta tensión entre ellos, probablemente sea porque el gato que vuelve a casa trae olores de la clínica. Si esto ocurre, mantenedlo separado en una habitación durante un mínimo de 24 horas para que adopte un olor más familiar.
Os dejamos un video explicativo. Está en inglés. Básicamente recomiendan todo lo que os acabamos de contar, pero poniéndole unas imágenes muy bonitas.


Un saludo.

Centro Veterinario Travesía