martes, 10 de diciembre de 2013

Cómo evitar que tu perro tire de la correa

Hay días en los que, caminando por la calle, me doy cuenta de que en muchos casos no es el dueño el que pasea a su perro, sino a la inversa. El perro tira y tira y tira y lleva a su dueño a donde él quiere, con riesgo de dislocarle el hombro. Parece que al perro no le molesta caminar medio asfixiado, jadeando, arrastrando a su dueño tras de sí. Vamos, que cada paseo se convierte en una experiencia desagradable para cualquier ser humano y, creedme, probablemente también para el cánido. No creo que ningún perro disfrute de un paseo así.
Y en la mayor parte de los casos el problema se ha agravado por una mala, aunque inconsciente, actuación del propietario. Quizá tenemos un cachorro nervioso y activo que cuando sale de casa quiere comerse el mundo. Ya sabe cómo dirigirse a ese parque tan maravilloso donde hace sus necesidades (y ya iba siendo hora porque después de pasar toda la tarde en casa ya no aguanta más) o quiere acercarse a ese congénere de aroma tan interesante. Y entonces, tira de la correa. Nota la tensión que hace su dueño, pero no le importa. El premio por llegar a su zona de esparcimiento o por conocer a otro perro es superior a la molestia que le produce el collar apretándole el cuello. Finalmente, pese a la resistencia de su dueño, consigue lo que desea y eso es una recompensa muy grande que hace que la próxima vez tire más. Es decir, sin querer, le hemos enseñado a nuestro vigoroso cachorro que para llegar al lugar que desea, tiene que tirar de la correa. ¿Podremos reeducarlo?. ¡Claro que sí!.
Debemos interiorizar la siguiente norma:

Debemos ser nosotros los que paseemos al perro y no el perro el que nos pasee a nosotros.

Es decir, el perro debe aprender que irá al lugar que decida su dueño y de la forma que su dueño desee, es decir, caminando y sin tirones.

¿Cómo lograrlo?
Ya sabéis que para ganaros a nuestra mascota la opción más recurrida es... ¡empezar por ganaros su estómago!. Podéis darle en casa menos cantidad de su alimento habitual y salir a la calle con el resto de la ración diaria en el bolsillo. Para los más exquisitos utilizad golosinas para perros y si se trata de un caprichoso de verdad, seguro que no se resiste a unos trocitos de queso o salchicha.
Una vez en la calle, empezáis a caminar dejando cierta holgura a la correa. Si el perro tira hasta llegar a tensarla os paráis y si es necesario lo frenáis con un pequeño tirón y decís NO de forma clara y contundente para que sepa que no aprobáis esa conducta. En el momento en que afloje, volvéis a caminar premiándolo mientras lo haga bien. Si vuelve a tirar, os volvéis a parar. Y repetís todo el proceso. Una y otra vez. A medida que la cosa funcione aumentáis el intervalo entre los premios y al mismo tiempo que le dais la golosina podéis premiarlo con unas palabras amables como ¡muy bien! y alguna caricia. Al cabo de unos días, cuando os obedezca más, sustituiréis los premios por las caricias y los ¡muy bien!.

¿Y qué pasa si todo esto no funciona?
Si el perro es fuerte y no conseguís frenarlo al deteneros podéis, simplemente, cambiar de dirección. Si quiere ir a un sitio y tira mucho, vosotros vais a la izquierda, o a la derecha, o en sentido contrario. Asi aprenderá que a base de tirar nunca va a llegar a donde realmente le apetece ir.
Si es un animal muy nervioso y tenéis tiempo, podéis jugar con él en casa antes del paseo para cansarlo y relajarlo.
Cuando empecéis con la reeducación, no lo llevéis a su lugar preferido, porque entonces estará más ansioso y excitado por llegar.
Collar de cabeza Gentle leader
Podéis ayudaros de unos collares especiales. Son los collares de cabeza, tipo Halter o Gentle leader. Constan de una cinta que pasa por el dorso de la nariz y otra por la nuca. En ellos, la correa se engancha por debajo de la mandíbula. Pese a que veáis una cinta sobre la nariz ¡no se trata de un bozal!. El perro puede abrir la boca, jadear e incluso beber y comer sin problema. Cuando el perro tira, nota cierta presión sobre la nariz y la nuca, los mismos puntos donde los perros dominantes o las perras madres "marcan" a los miembros díscolos de la manada o de la camada. Así que el perro se siente controlado y se vuelve más sumiso. No le hace daño, no le duele, no limita sus movimientos y con mi perro me dió muy buen resultado.

¿Y qué es lo que no debéis hacer?
No debéis utilizar correas extensibles. Con ellas el perro se aleja y es más difícil de controlar (de hecho, no las recomendamos para nada en perros de tamaño mediano o grande). Es mejor utilizar una correa, más o menos larga, fija de nylon o cuero que podáis recoger con la mano sin haceros daño en caso de querer acercar al perro.
Tampoco debéis sustituir el collar por un arnés o un petral. Mucha gente lo hace para que el perro no sienta tanta presión en la garganta. Sin embargo, impiden un buen control sobre el animal y el perro se sentirá más libre. Si vuestro perro tose por tirar mucho, pasaos a un collar de cabeza.
Aunque hay clientes que nos dicen que la única forma de controlar a su perro es utilizando un collar de castigo, no nos gustan demasiado (por no decir nada). Los de púas no los recomendamos. En todo caso, los corredizos, que pueden resultaros útiles cuando tengáis que dar pequeños tirones. Ni uno ni otro son adecuados si no conseguís controlar a vuestro animal porque pueden provocar dolor y ansiedad.
Centro Veterinario Travesía

Fortaleza y jardines del Castro, Vigo