martes, 12 de julio de 2016

TOS DE LAS PERRERAS

La tos de las perreras es una enfermedad canina similar a la gripe humana. Es muy contagiosa y el síntoma principal es, como su nombre indica, la tos. Hay varios gérmenes responsables de la enfermedad, tanto virus como bacterias, que actúan ayudándose unos a otros. Generalmente, el primero en actuar es el virus, que sensibiliza el interior de las vías respiratorias. Después, las bacterias se aprovechan de la situación y colonizan la mucosa afectada.

Se llama tos de las perreras porque el síntoma principal
es una tos seca y es más frecuente en colectividades

El período de incubación puede variar desde unos pocos días a algunas semanas. Tras él, virus y bacterias se diseminan por el aire cuando el perro afectado estornuda o tose. Así que el contagio se produce de forma rápida con o sin contacto directo entres los animales. Es frecuente en colectividades como casas con varios perros, criaderos, residencias caninas, exposiciones de perros, etc. Estas agrupaciones de perros ofrecen el entorno ideal para la propagación de la enfermedad, especialmente si existe una alta densidad de población o si llegan nuevos individuos. Tampoco es extraño que a partir de un perro enfermo se contagien aquellos que juegan con él en el mismo parque. 

Como hemos dicho, el signo principal es la tos, habitualmente seca, ronca, de aparición aguda, quizá asociada a cambios en la tonalidad del ladrido, secreción nasal y conjuntivitis. En ocasiones se acompaña de arcadas o vómitos aumentando el malestar de nuestra mascota.  

Algunos animales son más susceptibles que otros. Cachorros, razas braquicéfalas como los bulldogs, perros que padecen otras enfermedades respiratorias, animales geriátricos o aquellos que padecen enfermedades que pueden afectar a su respuesta inmune.

Algunas razas son más sensibles a la enfermedad como los Bulldogs o los Boxer

En general, se trata de una enfermedad autolimitante. Es decir, desaparece por sí sola en una o dos semanas. Sin embargo, cuando participa una bacteria un poco fastidiadilla llamada Bordetella bronchiseptica, puede durar más tiempo y ser contagiosa durante varios meses. El veterinario valorará si es necesario el tratamiento. En casos no complicados suelen emplearse antiinflamatorios y/o antittusivos. Pocas veces es necesario utilizar broncodilatadores o antibióticos. Por supuesto, siempre viene bien mantener a los perros en lugares limpios, bien ventilados, con una temperatura y humedad adecuadas.

En caso de ser necesario, el tratamiento suele ser sintomático,
para aliviar el malestar del perro

Aunque no son habituales las complicaciones, la tos de las perreras puede progresar hacia una bronquitis o, incluso, una neumonía. Todos los perros cuyos síntomas duren más de dos semanas a pesar de estar tomando un tratamiento adecuado, deben ser reevaluados por vuestro veterinario de cabecera. Sobre todo si hay otros signos que afecten a su estado general, como fiebre, problemas respiratorios, pérdida de apetito, etc.

Existen vacunas efectivas y seguras para prevenir la enfermedad

Como en todas las enfermedades infecciosas, lo mejor es prevenir antes que curar. Hoy en día, disponemos de vacunas efectivas y seguras. En nuestra clínica utilizamos una vacuna de administración intranasal (se echan unas gotas en cada orificio de la nariz). De esta forma se crean anticuerpos en la mucosa nasal, justo por donde entran los gérmenes, consiguiendo así una defensa eficaz y rápida. Si vuestra mascota va a quedar unos días en una residencia canina, pensáis asistir a una exposición de belleza o trabajo o se trata de una raza susceptible, os recomendamos vacunarla con antelación.
Vigo, Museo do Mar con las Islas Cíes a la entrada de la ría.

viernes, 12 de febrero de 2016

La epilepsia en el perro

La epilepsia es la enfermedad neurológica más antigua que se conoce. Se produce cuando un grupo de neuronas (células del sistema nervioso) emiten una descarga eléctrica masiva que envía señales equivocadas a los músculos de alguna zona del cuerpo o de todo el organismo. Como consecuencia de ello se produce rigidez muscular, contracciones y espasmos musculares, movimientos involuntarios de los ojos... En los casos generalizados puede haber incluso pérdida de consciencia.
Es una enfermedad que suele aparecer en animales jóvenes. Habitualmente entre los seis meses y los seis años de edad. Tiene un carácter progresivo. Es decir, con el tiempo, los ataques aumentan en frecuencia e intensidad si no se tratan de forma adecuada.
A pesar de la creencia popular, los ataques suelen darse en aquellos momentos en los que el animal está descansando o durmiendo, con una duración de unos segundos a tres o cuatro minutos.

Qué hacer cuando nuestro perro o gato tiene una ataque convulsivo
Aunque no es lo habitual, hay animales que manifiestan alteraciones de la conducta o comportamientos extraños previos al ataque. Intranquilidad, debilidad, salivación...
Un sitio oscuro y sin ruido para que pueda calmarse es lo mejor que podemos ofrecerle cuando han empezado las convulsiones. Alejarlo de objetos con los que se pueda golpear y colocarlo en un sitio bajo, mejor acolchado (su cama o una alfombra). Después, esperar a que se relaje y observar su recuperación.
No hay riesgo de que se muerda la lengua, pero sí puede orinar y/o defecar durante el ataque.
Grabar el episodio con un móvil es una buena forma de recoger información para el manejo posterior de la enfermedad y una buena herramienta para colaborar con el veterinario.

Cómo saber si mi perro o gato es epiléptico
El hecho de tener convulsiones no implica necesariamente que nuestra mascota tenga epilepsia. Hay que descubrir las causas de los ataques y en base a los resultados llegar al diagnóstico. También pueden ser provocados por otras enfermedades como, hepatitis, fallo renal, infecciones, tumores, malformaciones anatómicas o intoxicaciones.
Por lo tanto, el primer paso será una revisión veterinaria completa incluyendo una exploración neurológica. Análisis de sangre y orina son imprescindibles. En función de los resultados el veterinario puede proponer realizar más pruebas si lo considera necesario.
Al diagnóstico de epilepsia se llega por exclusión. Es decir, descartando el resto de las posibles causas, ya que no hay ninguna prueba que la confirme.

Cuándo empezar el tratamiento
La epilepsia no tiene cura, por lo que el perro puede continuar presentando convulsiones ocasionales aun estando bajo tratamiento médico. Así que el objetivo del tratamiento es disminuir la frecuencia y la intensidad de los ataques. Raramente se consigue eliminarlos del todo.
En general, se recomienda empezar a tratar al paciente cuando aparece más de un ataque en tres meses, cuando hay varios en un mismo día o cuando duran más de cinco minutos.
Existen varios medicamentos de eficacia demostrada en el tratamiento de la epilepsia. Cada uno con sus ventajas e inconvenientes. Cada tratamiento debe ajustarse a cada paciente por lo que se requiere una valoración periódica por parte del veterinario.

Cabo Vilán, en Camariñas. Un bonito sitio para pasear con
nuestros perros, siguiendo la ruta de los faros.